Del cuasi minimalismo a la saturación del color. Parte 1.

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Soy una persona creativa. Algunos incluso me han llamado una “artista”. Ok. Les creo, soy una artista (risas). Esto lo digo ahora porque ha pasado harta agua bajo el puente y además porque estamos en los tiempos que si uno dice “soy astronauta” pues entonces, uno es astronauta.

No siempre he tenido una buena relación con esta forma de expresión. En primero básico me frustraba porque la profesora de artes plásticas encontraba que mis trabajos eran pésimos. En ese tiempo nos hacía dibujar y pintar con lápices pastel.

Yo no sabía cómo rayos mis compañeras hacían para que los colores no se les mancharan con el negro y la profe me retaba porque a mí me daba una lata horrible pintar la gigantesca hoja de block, así que pintaba con el pastel acostado en el papel. Terminaba los trabajos rápido, pero me quedaba lleno de espacios en blanco. “¡Marcela! ¡Pinta bien ese dibujo!” ¿La profesora me habrá dicho esto un millón de veces? Y yo en mis inocentes 6 años me preguntaba por qué carajos será tan importante que pinte bien el condenado dibujo.

Un día la profesora nos leyó un cuento y nos dijo que hiciéramos un dibujo con los benditos lápices pastel. Yo sentí una ráfaga de inspiración y dibujé al burrito protagonista de la historia, de noche y mirando a la luna llena en el agua. No sé si habrá sido la cantidad de veces que me dijeron que pintara bien o fue que el azul que elegí para pintar el cielo era tan bonito y especial, pero pinté y pinté como si se fuera a acabar el mundo. Resultado: a la profe le encantó. Tanto así que me hizo pasar al frente de la sala para felicitarme delante de todos. Me dio una vergüenza atroz, pero sentí el gustillo agradable del reconocimiento.


El segundo encuentro cercano del tercer tipo con la exasperación de una profe de artes fue algo así como en séptimo/octavo básico. Un día nos tocó dibujar en grupo un feto dentro de un útero. Los materiales eran papel café (ese para envolver) y tinta china. Cada vez que le decíamos a la profesora que habíamos terminado, ella nos decía que faltaba más tinta. “Oscurézcanlo más!!!” Oh Dios mío Santísimo!!! ¿Qué más negro quería esta mujer que estuviera el dibujo?!?! No. Ese día no hubo entendimiento. Nos aburrimos y dejamos el dibujo tal cual. Esta profe duró menos que un candy (dijo la picá).

En la Media sí que me fue bien. Aprendí a pintar con óleo, dibujar con tiralíneas para dar texturas, palitos de maqueta, you name it. Lo que me encargaran, yo lo hacía súper.

Claro, es fácil si te dan los materiales y el tema. Pero si tienes que empezar de cero, ahí se complica el asunto.

Y adivinen qué me puse a estudiar cuando salí del colegio.

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MEDICINA!! Cueeeek! En qué estaba pensando?! Jajaja bueh, por lo menos me gusta el trabajo y soy útil para esta sociedá.
Voy a dejar esta entrada hasta aquí. Casi son las 2 de la mañana y debo dormir. O eso voy a intentar, porque hay un temporal de aquellos y el viento azota sin compasión el ventanal.

Estén atentos para saber cómo continúa esta historia!

Abrazos,

Marce.

PD: Me hubiera gustado tener fotos de los originales, pero en esos tiempos no teníamos smartphones!

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